Olvídate de ser el mejor. – Diana Torres
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Olvídate de ser el mejor.

La cultura y la carrera por llegar a ser “los mejores”, conseguir a “excelencia” y el “perfeccionismo” está fuera de realidad el día de hoy. De hecho, hasta los términos suenan bastante noventeros, ¿no?

¿Quién puede hoy decir que es “el mejor” en algo? ¿Quién lo mide? ¿Quién lo avala? Hoy está claro que no se trata de calidad o perfección en lo que haces lo que te lleva a tener éxito (otro día hablamos de los muchos significados que puede tener la también noventera palabra “éxito”). 

No es “el mejor” el que más vende. 

No es “el mejor” el que más votos consigue. 

No es “el mejor”, el que a más convence. 

No. 

Hoy el que tiene los resultados más cercanos a su objetivos (personales o de negocio) es el que ha comprendido un concepto clave: comunidad. Tribu, le llama Seth Godin. 

Una “tribu” es un grupo de personas que:

Se identifican con un líder (que puede ser una persona, un movimiento o un producto).

Se identifican entre sí. 

Están dispuestas a manifestar esa identificación: si es política, lo harán votando; si es comercial, lo harán comprando; si es social, lo harán luchando; si es personal (tu tribu), lo harán apoyando. 

La creación de comunidad es una tarea a la que todo aquel que aspire a algún grado de liderazgo en su sector debe trabajar, construir una tribu que sea parte de una aspiración compartida, de un sueño común y, por lo tanto, de un esfuerzo paralelo. Ahí ocurre la magia. 

Los integrantes de una tribu son personas que están dispuestas a defender a su líder (intenta venderle un Android a un Mac Lover, a ver si te atreves), a convencer a otros de que se sumen a sus movimientos (¿cuántos amigos veganos han intentado llevarte al lado oscuro donde no hay carne asada?) y a apoyarse entre sí para mantener ese lazo de identificación. 

Hoy las marcas, los líderes sociales y políticos, emprendedores y profesionales deberíamos preocuparnos menos por librar esa lucha absurda de ser “los mejores” e intentar cimentar a nuestra tribu.

¿Cómo empezar? 

  • Identifica un porqué común. Todo comunica.  Qué visión compartimos de ese aspecto de la vida que nos une. Por ejemplo: los usuarios de Mac somos (o al menos nos creemos) innovadores y disruptivos, y estamos dispuestos a pagar por ser parte de esa tribu donde Steve es nuestro pastor. 
  • Genera rituales comunes. Todo comunica. Qué hace que un equipo de trabajo se sienta parte y no solo una ficha más del juego: el lenguaje, la taza de café a media mañana… todo grupo tiene ciertas prácticas que solo “los que pertenecen” comparten. Hazlas visibles y, si son auténticas, promuévelas. 
  • Hablen de ustedes como tribu, identifíquense. Todo comunica. ¿Es la gente que forma parte de tu tribu consciente de que es miembro del club? La pertenencia tiene un componente de orgullo por haber sido “aceptado” y requiere ser explícito para que ese orgullo se contagie. Piensa en los Mac Lovers extremos que hacen fila de madrugada para ser los primeros en comprar el nuevo iPhone. 
  • Tengan un lema (textual o conductual) y compártanlo. Si tu marca une a personas que comparten un anhelo o un estilo de vida, hablen de eso, compartan lo que creen y cómo lo sienten, eso fortalecerá los lazos entre los integrantes de la tribu. 

Y tú, ¿trabajas para vender, para ser el mejor o para crear una comunidad? Además de generar lazos más profundos, me parece más divertido, más valioso y hasta más rentable trabajar en una tribu, ¿no crees?

Te leo 😉

Déjame tu comentario.

Masterclass sobre comunicación de marca en tiempos difíciles.

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