De emprendedores y hadas madrinas – Diana Torres

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De emprendedores y hadas madrinas

Me la jugaré con una idea: el emprendimiento y su halo de positivismo tóxico está haciendo mucho daño. 

Todos pueden ser emprendedores. 

El mundo necesita ideas disruptivas.

Lánzate a ser tu propio jefe. 

Esa y más llamados a la tierra prometida del emprendimiento como un campo de hadas madrinas donde las ideas se convierten en negocios y los clientes aparecen como flores en primavera están haciendo mucho daño a miles de profesionales talentosos que fortalecen ideas alejadas de la realidad. 

No todos pueden ni deben emprender. No todos están listos, no todos contribuyen a una economía más sólida, no todos tienen realmente algo que aportar. 

El emprendimiento se ha convertido en una pantalla que cubre grandes carencias personales, sociales y económicas de un sistema que no es capaz de dar trabajo, oportunidades y crecimiento sostenido a todos. 

Que cada uno se busque la vida, es lo que escucho cuando veo un entorno educativo que fomenta el emprendimiento como máxima aspiración. 

Y aunque parece que mis ideas están en modo anti emprendimiento (lo cual resulta un contraste siendo emprendedora y consultora de emprendedores), en realidad surgen tras meses de colaborar con los mejores emprendedores que he conocido y que admiro profundamente (y vaya que he trabajado con decenas o cientos de ellos como clientes, alumnos o coachees). 

A decir verdad, no son los más disruptivos o creativos, de hecho, están en un sector bastante tradicional.  Entonces, ¿Qué tienen ellos que no tienen muchos otros? Hoy tengo claras tres características que podrían ser un buen faro para iluminar la selección de una buena base emprendedora: 

Son ordenados y disciplinados. Convierten sus ideas y sueños en planes de trabajo, los dibujan en tablas de excel y le ponen fecha a cada tarea. Cierran sus reuniones con minutas y actas de acuerdos y tienen claro lo que a cada uno le toca hacer  ¡Amo su capacidad de convertir sueños en planes de trabajo!

Saben escuchar. Son 4 jóvenes talentosos, pero el mayor de su talento es identificar sus áreas de no genialidad y buscar quien complemente aquello en lo que no son tan fuertes. Piden ayuda, escuchan el consejo y aceptan que se les corrija desde la humildad que solo los muy talentosos tienen. 

Completan tareas. Son ejecutores y se miden mutuamente los avances para asegurar que cada día se avanza algo. Ponen un ladrillo cada día en lugar de seguir soñando con construir un castillo y eso, estoy segura, levanta muros más altos. 

Yo todos los días aprendo de ellos y me alimentan la idea de un ecosistema emprendedor más de hacedores que de soñadores; más de ejecutores que de instagramers. 

Hablemos de emprender, sí, pero hablemos más de hacer y menos de soñar porque los grandes sueños merecen grandes acciones disciplinadas y comprometidas y eso no es muy popular en la literatura emprendedora facilona. 

Estoy dispuesta a debatirlo.

IG: @dianatorres.mx

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